lunes, 26 de junio de 2017

El largo camino por delante de la Fed

Juan Rallo analiza la última subida de tipos del Banco Central de EEUU (FED), mostrando el largo (e incierto) camino que tiene por delante. 
Artículo de su página personal: 

El largo camino por delante de la Fed
La Reserva Federal de Janet Yellen volvió a subir ayer las tasas de interés: en esta ocasión, hasta el 1,25%. El propósito de esta progresiva escalada de los tipos de intervención es el de ajustar el coste de financiación del conjunto de la economía a unos niveles que no induzcan a la generación de nuevas burbujas de crédito barato. Por muchas voces críticas que estén apareciendo, resulta del todo necesario normalizar las tasas de interés si no queremos repetir exactamente los mismos errores que en el pasado: y, de hecho, pese a los recientes incrementos, todavía nos estamos moviendo en unas bandas históricamente muy bajas en lo que a coste de financiación se refiere. Por ello, más allá del simbolismo que constituye este nuevo movimiento, a la política monetaria de la Reserva Federal todavía le queda mucho camino al alza que recorrer durante los próximos años: no sólo a la hora de continuar elevando los tipos de intervención, sino también a la hora de conseguir que esos tipos de intervención sean verdaderamente efectivos.
Me explico: tradicionalmente, los bancos centrales han influido sobre las tasas de interés del conjunto de la economía porque los bancos privados dependían de la financiación que podían conseguir en el mercado interbancario y eran los bancos centrales quienes controlaban indirectamente el interbancario. Si el banco central subía los tipos, la financiación del interbancario se encarecía y los bancos privados terminaban trasladándoles la subida a familias y empresas. En la actualidad, sin embargo, los bancos privados no tienen ninguna necesidad de echar mano del interbancario: como resultado de las flexibilizaciones cuantitativas pergeñadas por todos los bancos centrales, nadan en piscinas de liquidez. Por ello, los bancos centrales ya no son capaces de mecer la cuna. Para contrarrestarlo, la Fed intenta retirar esa sobreliquidez: en la actualidad, lo está haciendo pagando a los bancos para que le presten su exceso de reservas. Sin embargo, esa es una política completamente transitoria: conforme quiera seguir subiendo los tipos, más caro le saldrá conseguir que los bancos le presten su exceso de reservas. De ahí que a medio plazo no le vaya a quedar otro remedio que deshacer las flexibilizaciones cuantitativas: revender todos los títulos de deuda pública que ha venido adquiriendo durante los últimos años. ¿Habrá suficiente apetito inversor para reabsorber tal monstruosidad de activos financieros sin cortocircuitar la economía? Ésa es la gran incógnita que ningún banquero central se atreve a responder.

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